A veces soy demasiado injusta conmigo misma, con mi vida, con él. Pero él está ahí, estás ahí, incondicional, inamovible, inmune a las desgracias mundanas y feliz siendo simplemente feliz. Apareciste como un breve destello en los momentos más delicados de mi vida, de mi crecimiento, de mi roce con el mundo, de mi niñez, todavía estaba formándome como persona. Te fuiste sin más, pero no habías llegado todavía a mi vida, bueno sí, la que no había llegado era yo a la tuya.
Tu reaparicíón fue justo en otro momento de mi vida, un desengaño, una desilusión, una niñería que tardé en perdonarme y que no sé si me he perdonado todavía, pero estábas tú, estás tú, ahora y siempre. Me ayudaste a ver la vida desde otro punto de vista, desde el punto de vista de la comprensión, empezando por que me comprendiera y me perdonara a mí misma, para eso estabas tú, mi vida, mi amante, mi confidente, mi fiel compañero de viaje, mi piel, mi alma. No imagino un minuto sin tu calor, sin tu mirada, sin tu abrazo. Eres la lumbre de mis noches y la tranquilidad de mis días. No dejes de quererme por favor, me perdería en la más asoluta de las oscuridades, me quedaría sóla en medio de la nada, estaría huérfana de amor, porque nadie, nadie sabe darme ni puede el amor que me das, que me envías desde la distancia más infinita y cercana. Distancia infinita de las banalidades y cecana a la piel que podrás usar siempre como tuya. TE AMÉ, TE AMO, TE AMARÉ.
Desintoxicación
Hace 10 años
